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Día 20. Gratitud hacia los maestros

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Enviado por Silvia Macip en Dom, 01/01/2017 - 08:23


Día 20 de los 21 días de gratitud (ir a la bitácora de todos los días)

Desde Brasil, nuestro profesor de mindfulnessJose Eduardo Vargas Muñoz , agradece a todos y cada uno de ellos.


A los maestros: Gracias

 

Apretando la punta del lápiz, los dibujos aparecen, las letras. El niño por primera vez escribe, su maestro lo mira y juntos diseñan una sonrisa.

Escribir sobre los maestros que la vida ha puesto en nuestro camino, evoca sensaciones disímiles, una mezcla de nostalgia y alegría combinada con el deber de no dejar a la deriva de la memoria a aquellas personas que colocaron semillas de  valores, creencias y una gama multicolor de conocimientos. Aquellos maestros que guardamos en recuerdos como tesoros que son apenas nuestros.

Mi primera maestra, mi madre. Recuerdo como sus manos guiaron mis pasos, como su voz imprimía y todavía esboza consejos en la hoja de mí alma con el cincel del amor. La maestra que siempre acompaña el vuelo libre de sus pequeñas aves que ya no lo son. Tal vez esa misma libertad permitió que germinara la crítica y la razón, ambas cultivadas por horas, horas y más horas  de conversaciones con diferentes voces entre las paredes de colegios, universidades, sentado en el zafu o las calles de diversas ciudades. En estos lugares, no siempre los maestros imparten clases y hacen garabatos en el pizarrón. Muchos grandes maestros estaban sentados a mi lado, los amigos. De la familia, de los profesores y de los amigos, feliz me siento de ser su alumno. Por suerte, de todos recuerdo sus sonrisas y el futuro tal vez me regale nuevos momentos con algunos de ellos. Sin embargo, existen otros preciosos maestros que no puedo tocar.  Aquellos profesores sin rostro, como el miedo, el dolor, el placer, la tristeza y la alegría que nos acompañan desde nuestro primer abrir de ojos hasta el último y nos hacen sentir vivos.

 Tal vez estar vivo sea apenas ser discípulo de nosotros mismos y de todos. Quizás en algún momento nos sentiremos un maestro en algún arte y brindaremos nuestro conocimiento con pasión, pero del resto seremos sólo curiosos alumnos ¿Esto no te hace feliz?

El niño por primera vez escribe, su maestro lo mira y juntos diseñan una sonrisa. El niño sale corriendo alegre al jardín y se detiene para admirar un colibrí entre las flores. Su maestro lo sigue calmamente, se sienta a su lado y se convierte en alumno.